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Mi nombre es Alfredo Pierantoni. Antes de ser fotógrafo, fui bajista. Lejos de fotografiar a los músicos en escena, estaba relativamente acostumbrado a estar del otro lado de la cámara.
Más temprano que tarde, descubrí que la fotografía podía resultar tan apasionante como la música, y pasé a estar detrás del lente, fotografiando shows. Comencé a retratar a los músicos como a mí me gustaría que me hubiesen retratado en la tarima. Y descubrí, con sorpresa, que no estaba lejos de lo que la mayoría espera. La fotografía de shows es casi documental, pero también es espectáculo. Por donde se la mire, debe ser impactante.
Varias bandas se han confiado a mi lente, y les agradezco el riesgo y la fe. En todo caso, saben bien que la fotografía de conciertos es el lugar en el que mis dos pasiones se encuentran. Siendo diseñador gráfico de formación, y bajista desde siempre, mi meta es la de crear imágenes que hablen de la fuerza de la música, de las intenciones de sus creadores e intérpretes y de la recepción del público. En pocas palabras, recrear la experiencia del show con la distancia analítica necesaria que, a ratos, la fotografía nos permite mantener.
Más allá del hecho documental, del registo de la memoria que la fotografía significa, quiero que mis imágenes permitan que la música siga escuchándose aún cuando el show ya se ha terminado. Quiero que el espectador sienta que la foto tiene volumen. Y me encanta cuando pide que le baje.
Show tras show, busco los momentos que definen la experiencia irrepetible de cada presentación, aún cuando se trate de una gira. Una pausa, un grito, una botella de agua, una cuerda rota, una gota de sudor, un solo excepcional, un ataque de risa. Todo contribuye a guardar una imagen única. Y yo –como fotógrafo, como músico- quiero esa imagen.
